Secundaria

Instituto Nacional Público de Boaco "Rosa Cerda Amador"

lunes, 16 de marzo de 2015

martes, 10 de marzo de 2015

Antesala de la muerte de Darío

En Nueva York.

El año 1915 fue la antesala de la muerte de Darío. En enero de ese año se encuentra en Nueva York, adonde ha llegado en noviembre del año anterior acompañado de Alejandro Bermúdez, para iniciar una gira por América en pro de la paz mundial. Los aires bélicos, que por ese entonces soplaban intensamente en Europa, hicieron que Darío se entusiasmara con la idea de ir al “nuevo mundo” a predicar la paz con sus poemas. El tiempo pasa y las conferencias que debían dictar en la ciudad de los rascacielos aún no se organizan. El escaso dinero de los pacifistas está por terminarse.

Si bien el año previo a la muerte de Darío estuvo lleno de amarguras, quebrantos serios de salud y humillaciones, tuvo también sus momentos gratos, como lo fueron los homenajes que le tributaron el fundador de la Sociedad Hispánica de América, el señor Hungtington y la escritora Helen S. Woodruff, de la Liga de Autores. Hungtington, en nombre de la Sociedad Hispánica impuso a Rubén la Medalla de las Artes y las Letras.





Instituto Nacional Público de Boaco "Rosa Cerda Amador"

lunes, 9 de marzo de 2015

Cátedra Dariana

Nueva Cátedra para los estudiantes del 10° grado.

A partir de la próxima semana, estaremos introduciendo en el programa de Lengua y Literatura de décimo grado, una adecuación curricular, una Cátedra Dariana. De las cinco horas clases a la semana, se tomara una para el desarrollo de una serie de contenidos relacionados con la vida y obra del gran poeta nicaragüense Ruben Darío, durante todo el año escolar. Estos contenidos serán parte de la evaluación constante, en cada corte evaluativo y al finalizar del curso se expondrán ensayos, poemas y composiciones elaborados por los estudiantes del décimo grado de los tres turnos.

Cuento El Fardo

Allá lejos, en la línea como trazada con un lápiz azul, que separa las aguas y los cielos, se iba hundiendo el sol, con sus polvos de oro y sus torbellinos de chispas purpuradas, como un gran disco de hierro candente. Ya el muelle fiscal iba quedando en quietud; los guardas pasaban de un punto a otro, las gorras metidas hasta las cejas dando aquí y allá sus vistazos. Inmóvil el enorme brazo de los pescantes, los jornaleros se encaminaban a las casas. El agua murmuraba debajo del muelle, y el húmedo viento salado que sopla de mar afuera a la hora en que la noche sube, mantenía las lanchas cercanas en un continuo cabeceo.

Todos los lancheros se habían ido ya; solamente el viejo tío Lucas, que por la mañana se estropeara un pie al subir una barrica a un carretón, y que, aunque cojín cojeando, había trabajado todo el día, estaba sentado en una piedra, y, con la pipa en la boca, veía triste el mar.

-Eh, tío Lucas, ¿se descansa?

viernes, 6 de marzo de 2015

A la muerte de Rubén Darío

Si era toda en tu verso la armonía del mundo, 
¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar? 
Jardinero de Hesperia, ruiseñor de los mares, 
corazón asombrado de la música astral, 

¿te ha llevado Dionysos de su mano al infierno 
y con las nuevas rosas triunfantes volverás? 
¿Te han herido buscando la soñada Florida, 
la fuente de la eterna juventud, capitán? 

Que en esta lengua madre la clara historia quede; 
corazones de todas las Españas, llorad. 
Rubén Darío ha muerto en sus tierras de Oro, 
esta nueva nos vino atravesando el mar. 

Pongamos, españoles, en un severo mármol, 
su nombre, flauta y lira, y una inscripción no más: 
Nadie esta lira pulse, si no es el mismo Apolo, 
nadie esta flauta suene, si no es el mismo Pan.


Darío ante sus críticos

Rubén Darío dejó la poesía diferente de como la había encontrado: en esto, como Garcilaso, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Lope, Góngora y Bécquer. Sus cambios formales fueron inmediatamente apreciados. 

La versificación española se había reducido, durante siglos, a unos pocos tipos. De pronto, con Rubén Darío se convirtió en orquesta sinfónica. Dio vida a todos los metros y estrofas del pasado, aun a los que sólo ocasionalmente se habían cultivado, haciéndolos sonar a veces con imprevistos cambios de acento; y además inventó un lenguaje rítmico de infinitas sorpresas, sin salir de la versificación regular. No sólo desarrolló todas las posibilidades musicales de la palabra, sino que para cada estado de ánimo usó el instrumento adecuado. Leyéndolo uno educa el oído; al educarlo, más planos sonoros aparecen en el recitado. 

Por su técnica verbal Darío es uno de los más grandes poetas de todos los tiempos; y , en español, su nombre divide la historia literaria en un "antes" y un "después". Pero no sólo fue un maestro del ritmo; con incomparable elegancia poetizó el gozo de vivir y el terror de la muerte.

Caupolicán


Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.


Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.


Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.


«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta»,
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.